Anticlinal Ibor-Guadalupe.

Anticlinal del Ibor-Guadalupe

Localización y accesos:

Se encuentra situado en la parte central del orógeno de Las Villuercas ocupando dos anchos valles por los que discurren el río Ibor, hacia el Tajo, y el río Guadalupe hacia el Guadiana. La erosión diferencial provocada por estas corrientes de agua, en el transcurso de los años, ha ido dejando a la vista el antiguo núcleo de un gran anticlinal, causando la consiguiente inversión del relieve.

Se accede a la zona norte del Anticlinal del Ibor-Guadalupe a través de la carretera nacional que comunica Guadalupe con Navalmoral de la Mata, y a través de ella, en numerosos puntos, se ofrecen panorámicas inmensas sobre el valle del río Ibor, de incomparable belleza. Esta carretera permite también acercarse a las preciosas Cuevas de Castañar de Ibor, culmen del relieve kárstico que caracteriza esta zona y de otras estructuras menores como lenares y torcas, debidas al efecto disolvente por el agua sobre las rocas calizas que aparecen en el núcleo del Anticlinal.

Grado de dificultad:

Para contemplar bien esta megaestructura hemos elegido un lugar en la carretera EX-118, salida sur de Navalvillar de Ibor, hacia Guadalupe. El Mirador de la Báscula.

El grado de dificultad del punto elegido como mirador u observatorio es mínimo, muy cercano a la carretera. Al situarnos al pié de la carretera, el acceso es factible para cualquier persona; pero sí habrá que tener las debidas precauciones al estar en las proximidades de una vía de circulación.La capacidad de acogida de este punto es máxima, pudiendo estacionar cualquier tipo de vehículo.

Características geológicas:

Geológicamente es una estructura de plegamiento muy extensa, alargada en dirección NW- SE, debida al Movimiento Orogénico Hercínico, ocurrido durante el periodo Carbonífero, hace más de 300 millones de años, mediante el que se cerró el primitivo océano Atlántico y se reunieron todos los continentes en uno único, La Pangea. Y es que, el “Anticlinal del Ibor-Guadalupe” no se limita a los valles de los ríos que le dan nombre sino que se extiende por el NW hacia el río Tajo, hasta desaparecer bajo los modernos materiales de recubrimiento. Hacia el SE también desaparece bajo materiales más recientes de la cuenca del río Guadiana.

El anticlinal tiene mayor amplitud hacia el sur, a la altura de la ermita del Humilladero de Guadalupe, y menor hacia el norte, a la altura de Navalvillar de Ibor. Las cuarcitas que se observan en las crestas son de edad ordovícica (- 485 ma), mientras que en las laderas y hacia el fondo del valle encontramos otras rocas: pizarras, areniscas, calizas, etc., de edades Cámbrico inferior y del Ediacárico y por tanto mucho más antiguas (- 635 a -520 m.a.).

Los materiales ordovícicos (las potentes cuarcitas armoricanas) forman un gran pliegue anticlinal en forma de cúpula o de “A” en cuyo núcleo, quedarían encerrados los materialesmás más primitivos del Ediacárico afectados  por otra orogenia más antigua (O. Cadomiense). Esta sería la disposición normal en la que deberíamos encontrar esta estructura sobre el terreno, plegadas con la convexidad hacia arriba (o concavidad hacia abajo), pero la diferencia de dureza de los materiales que componen los diferentes estratos, puede provocar una erosión diferencial que favorezca el que unos se desgasten antes que otros, e incluso lo que se conoce como “inversión del relieve”, es decir, el encontrar valles en los que los materiales más modernos (cuarcitas) quedarían en las zonas topográficamente más altas y los más antiguos en las zonas más profundas.

Estas estructuras geológicas, aparentemente invertidas por erosión diferencial, son típicas del relieve de los Montes Apalaches en U.S.A., de donde recibe el nombre de “relieve apalachense”. Pues bien, todo el relieve de las Sierras de las Villuercas se caracteriza por ser de tipo apalachense, o lo que es lo mismo: está constituido por una serie alternativa de anticlinales y sinclinales con relieves invertidos, y uno de ellos es el Anticlinal del Ibor-Guadalupe.

Toda la región se caracteriza también por una amplia fracturación, que corta la megaestructura en numerosos puntos originando cambios laterales de facies de los materiales paleozoicos y Ediacáricos.

La riqueza de sus materiales calcáreos, explotados por romanos y árabes, es conocida desde la antigüedad. De hecho se han utilizado tanto para la industria calera, como atestiguan los numerosos hornos para cal distribuidos por toda la zona, como para la industria siderúrgica derivada de los llamados “criaderos de hierro del Ibor” en Campillo de Deleitosa.

Objetivos de la visita:

Desde el lugar elegido de observatorio resulta más fácil comprender que las rocas (cuarcitas armoricanas) que forman parte de esas crestas de las sierras, son parte de una misma formación geológica que, en su momento estuvo dispuesta en forma de gran bóveda (antiforma) y lo que vemos hoy son restos de la misma, porque todo el núcleo de la megaestructura abovedada ha desaparecido, y en la actualidad la contemplamos convertida en un valle (relieve invertido), recorrido por el río Ibor, quedando solamente parte de los flancos o bordes inclinados de la bóveda anticlinal.

La disposición de los materiales que constituyen la Anticlinal del Ibor, su composición y los fósiles que contienen, nos hablan de los orígenes geológicos de sus rocas y nos permiten saber que formaron parte de una plataforma marina o costera. Las calizas precámbricas y cámbricas del núcleo son representativas de antiguos arrecifes constituidos por algas calcáreas y estromatolitos. Las líneas de cumbres, caracterizadas por los grandes crestones formados por las cuarcitas armoricanas del Ordovícico, nos dan la imagen de una antigua gran playa, hoy recristalizada y elevada, en las que es fácil encontrar fosilizadas las huellas (Crucianas, Skolithos, Daedalus,…) de los organismos de la época que en ella vivían, y en las pizarras y calizas del nucleo otras formas muy elementales de la primitiva fauna y flora cámbrica y precámbrica (Vendotenidos, Cloudinas, y Sabelidites,), mudos testigos de la riqueza de vida que encerraban aquellos antiguos mares de nuestro planeta.